ISAAC ASIMOV Cuento VERDADERO AMOR (True Love) TEXTO Español

 

 

 

Isaac Asimov
Verdadero amor

(eng: True Love, 1977)

 

Del libro, colección de cuentos
El robot completo

de Isaac Asimov

Literatura fantastica

 

Historias de ciencia ficcion

Texto completo en español

 

 

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El cuento ” Verdadero Amor “ (en inglés: True love) es una historia de ciencia ficción escrita por Isaac Asimov. El cuento de Isaac Asimov “Verdadero Amor” se publicó por primera vez en 1977 en la revista American Way. La historia corta de Isaac Asimov “Verdadero Amor” (True love) es parte de la colección de cuentos de Isaac Asimov “El robot completo” (en inglés: The Complete Robot) de 1982. La historia corta “Verdadero Amor” es Más tarde fue incluido en otras colecciones de historias de Isaac Asimov.

Trama: El texto de la historia de Isaac Asimov “Verdadero Amor” (True Love) es contado en primera persona por Joe, un software semi-sensible y hablador, escrito y editado por Milton Davidson. Un día, Milton, al darse cuenta de que era soltero a los 40 años, decide encontrar a su alma gemela solo gracias al programa Joe, pero …

A continuación se encuentra la versión traducida en español de la historia de Isaac Asimov “Verdadero Amor”.

La versión original en inglés de la historia de Isaac Asimov “True love” (esp: Verdadero Amor) se puede encontrar en yeyebook haciendo clic aquí.

En el menú en la parte superior o lateral encontrarás el mini cuento de Isaac Asimov: “Verdadero Amor” (True love) traducido a otros idiomas: francés, alemán, italiano, chino, etc.

Buena lectura.

 

 

 

Isaac Asimov
Verdadero amor

(True Love, 1977)

 

Literatura fantastica

Texto completo en español

 

 

 

            Mi nombre es Joe. Así es cómo mi colega Milton Davidson me llama. Él es un programador y yo soy el programa. Él me creó, pero, naturalmente, yo he crecido y me he desarrollado en todos los sentidos. Ahora soy todo un programa. Formo parte del complejo Multivac. Vivo en la sección SW-452, aunque no diré exactamente dónde.

Es un secreto. En realidad, nadie sabe que viva aquí. Ni siquiera los otros programas. Sin embargo, estoy conectado a otras partes del complejo, en todo el mundo. Lo sé todo. Casi todo. Soy el programa privado de Milton. Su Joe. Para él no soy un programa más. La sección de la computadora en la que vivo es su sección particular. Y no deja que los demás la usen. Milton sabe más acerca de programación que cualquiera en el mundo, y yo soy su modelo experimental. Ha conseguido que yo hable mejor que cualquier otra computadora puede hacerlo.

 

– Es simplemente cuestión de hacer encajar sonidos con símbolos, Joe – me dijo –. Así es cómo funciona el cerebro humano, pese a que no sabemos todavía qué símbolos particulares emplea el cerebro. Yo conozco los símbolos que hay en el tuyo, y puedo convertirlos en palabras, uno a uno. De modo que hablo. No creo que hable tan bien como pienso, pero Milton afirma que hablo muy bien.

 

Milton no está casado, a pesar de tener ya cuarenta y pico de años. Según me contó, nunca halló la mujer adecuada.
– Algún día la encontraré, Joe. – me dijo un día –. Encontraré la mejor. Quiero conseguir el auténtico amor, y tú vas a ayudarme. Estoy cansado de mejorarte a fin de que resuelvas los problemas del mundo. Resuelve mi problema. Encuentra mi verdadero amor.

– ¿Qué es el verdadero amor? – pregunté yo.
– No importa. Se trata de una abstracción. Simplemente busca a la chica ideal. Estás conectado con el complejo de Multivac, de modo que tienes acceso a los bancos de datos de todos los seres humanos del mundo. Eliminaremos por grupos y clases hasta que quede una sola persona. Y ésta será para mí.

 

– Estoy listo – Dije yo.
– Primero elimina a todos los hombres – Dijo él.
Fue fácil. Sus palabras activaban símbolos en mis válvulas moleculares. De este modo podía entrar en contacto con los datos acumulados de todos los seres humanos del mundo. Cómo resultado de aquellas palabras, descarté a 3.784.982.874 hombres y guardé el contacto de 3.786.112.090 mujeres.

– Elimina a todas las menores de veinticinco años – me dijo – y a las mayores de cuarenta. Luego elimina a todas las que tengan un CI inferior a 120; a todas las que midan menos de 150 centímetros y más de 175 de estatura.
Fue dándome instrucciones exactas; eliminó a las mujeres con hijos; y a las que poseían diversas características genéticas.
– No estoy seguro del color de los ojos – murmuró –. Dejemos ese dato por el momento. Pero nada de pelirrojas. No me gustan.

 

Al cabo de dos semanas, habíamos reducido la lista a 235 mujeres. Todas hablaban correctamente el inglés. Milton dijo que no quería problemas con el idioma. Aunque podía recurrir a la traducción por computadora, eso fastidiaría los momentos de intimidad.
– No puedo entrevistarme con 235 mujeres – dijo –. Tardaría demasiado tiempo y la gente podría llegar a descubrir lo que estoy haciendo.

– Eso traería problemas – advertí.
Milton me había mejorado a modo que pudiera hacer cosas para las que no estaba destinado hacer. Nadie sabía nada al respecto.
– Sí, esto a nadie le importa – dijo él, y su rostro enrojeció ligeramente –. Te diré lo que vamos a hacer, Joe.

 

Te proporcionaré holografías, y comprobarás la lista en busca de similitudes.
Trajo holografías de mujeres.
– Éstas son tres ganadoras de concursos de belleza – me explicó –. ¿Se parece a una de éstas alguna de las 235 mujeres?
Ocho de ellas se parecían bastante:
– ¡Bien! – aprobó Milton –. Tú tienes sus bancos de datos. Estudia los requerimientos y necesidades del mercado de trabajo y arregla las cosas de modo que sean asignadas temporalmente aquí. De una a una, por supuesto. – Pensó unos instantes, agitó sus hombros arriba y abajo, y dijo –: Por orden alfabético.

Esto es una de las cosas por las que no estoy programado hacer. Trasladar a personas de trabajo a trabajo por razones personales es que se llama manipulación. Puedo hacerlo ahora porque Milton me mejoró. De todos modos no podía hacerlo por nadie más que por él.

 

La primera chica llegó una semana más tarde. Milton enrojeció cuando la vio. Le habló como si le costara hacerlo. Estuvieron juntos durante mucho rato, y él no me prestó la menor atención. En un momento determinado le dijo:
– Permita que la invite a cenar –.
Al día siguiente me informó:
– No servía. Le faltaba algo. Es una mujer hermosa, pero no experimenté la sensación del verdadero amor.

Probemos con la siguiente.
Ocurrió lo mismo con las otras siete. Eran muy parecidas. Sonreían mucho y tenían voces extremadamente agradables, pero Milton encontraba siempre algo que no encajaba.
– No lo entiendo, Joe – acabó por decir –. Tú y yo hemos escogido a las ocho mujeres que, de todo el mundo, me parecieron las más adecuadas para mí. Son ideales. Entonces, ¿Por qué no me gustan?
– ¿Les gusta tú a ellas? – pregunté.
Enarcó las cejas y se golpeó una mano en contra otra.
– Eso es, Joe. Es como una calle con dos direcciones. Si yo no soy su ideal, ellas no pueden ser el mío. Yo también he de ser su verdadero amor; pero, ¿cómo puedo conseguirlo? -Estuvo meditando todo el día.

 

A la mañana siguiente se me aproximó y me dijo:
– Voy a dejártelo a ti, Joe –me espetó –. Todo a ti. Tienes en tu poder mi banco de datos, y además voy a decirte todo lo que sé de mi mismo. De este modo llenarás mi banco de datos con todos los detalles posibles, pero guarda los añadidos para ti mismo.
– ¿Qué debo hacer con su banco de datos, Milton?
– Lo comparas con las 235 mujeres. No, 227. Deja aparte a las ocho que ya han venido. Disponlo todo para que cada una pase por un examen psiquiátrico. Llena sus bancos de datos y compáralos con el mío. Busca correlaciones. (Arreglar exámenes psiquiátricos es otra de las cosas que están en contra de mis instrucciones originales.)

Durante semanas, Milton no dejó de hablarme. Me habló de sus padres y de sus demás familiares. Me contó todo lo referente a su infancia y de su adolescencia. Me contó de mujeres jóvenes a las que había admirado a distancia. Su banco de datos fue creciendo, y él me ajustó de modo que yo pudiera ampliar y profundizar mi comprensión simbólica.

– ¿Te das cuenta, Joe? – observó al fin –. A medida que voy introduciendo más y más datos sobre mí en ti, te voy ajustando para que encajes mejor conmigo. Cuando llegues a comprenderme lo suficientemente bien, entonces cualquier mujer cuyo banco de datos comprendas será mi auténtico amor.

 

Siguió hablándome, y yo fui comprendiéndole cada vez mejor y mejor.
Podía construir frases más largas, y mis expresiones se hacían cada vez más complicadas. Mi forma de hablar empezó a sonar muy parecida a la suya en vocabulario, sintaxis y estilo.
– ¿Sabes, Milton? – Le dije en una ocasión –. No se trata tan sólo de encontrar en una chica un ideal físico. Necesitas una chica que encaje contigo personal, emocional y temperamentalmente. Si eso ocurre, su apariencia es algo secundario. Si no podemos encontrarla entre esas 227, entonces buscaremos en otras. Encontraremos a alguien a la que no le importe tampoco tu aspecto, con tal que se ajuste a tu personalidad. Al fin y al cabo, ¿De qué sirve el aspecto personal? – Añadí desdeñosamente.
– Absolutamente de acuerdo – dijo –. De darme cuenta de eso me hubiera relacionado con más mujeres a lo largo de mi vida. Naturalmente, pensar en ellas lo hace ahora todo más claro.

Siempre estábamos de acuerdo, puesto que ambos pensábamos de forma parecida.
– Si me permites hacerte algunas preguntas, Milton, no habrá más problemas – añadí –. Puedo ver donde hay lagunas y contradicciones en tu banco de datos.
Lo que siguió, según dijo Milton, fue el equivalente de un cuidadoso psicoanálisis. Por supuesto, yo había aprendido mucho gracias a los exámenes psiquiátricos de las 227 mujeres, con todas las cuales me mantenía en estrecho contacto.

 

Milton parecía muy feliz.
– Hablar contigo, Joe – exclamó – es casi como hablar conmigo mismo. Nuestras personalidades han empezado a encajar perfectamente.
– Como lo hará la personalidad de la mujer a la que escojamos.
Ya la había encontrado, y después de todo era una de las 227. Su nombre era Charity Jones, y era catalogadora en la Biblioteca de Historia de Wichita. Su banco de datos ampliado encajaba perfectamente con el nuestro.

Todas las demás mujeres habían sido descartadas por uno y otro motivo a medida que los bancos de datos iban en aumento, pero con Charity la resonancia era cada vez más perfecta.
No tuve que describírsela a Milton. Había coordinado tan perfectamente mi simbolismo con el suyo que pude transmitirle mis sensaciones directamente.

 

El siguiente paso fue ajustar las hojas de trabajo y los requerimientos laborales de modo que Charity nos fuera asignada a nosotros. Eso debía hacerse con gran delicadeza, de modo que nadie se diera cuenta de que se producía algo ilegal.

Por supuesto, Milton lo sabía muy bien, puesto que era él quien lo dispuso y se ocupó de ello. Cuando lo arrestaron bajo la acusación de abuso de sus atribuciones, fue, afortunadamente, por algo que se había ocurrido hacía diez años. Me había hablado de ello, por supuesto, de manera que me resultara más fácil lograr mi objetivo, y él no iba a hablar de mí por miedo a aumentar su culpabilidad.

 

Ahora él ya no está, y mañana es 14 de febrero, el Día de San Valentín. Charity llegará entonces con sus manos frías y su dulce voz. Le enseñaré cómo manejarme y cómo ha de cuidarme. ¿Qué importa el aspecto cuando nuestras personalidades resuenan de tal modo?
Le diré:

– Soy Joe, y tú eres mi verdadero amor

..

.

Isaac Asimov – Verdadero amor

Inglés original: True Love, 1977

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