EDGAR ALLAN POE EL CUERVO poema narrativo Cuento Texto ESP

 

 

 

Edgar Allan Poe

El cuervo

 

(en: The Raven)

(1845)

 

Literatura americana

 

poema narrativo

Cuento de terror

Texto completo en español

 

 

El cuervo (inglés: The Raven) es un poema narrativo escrito por Edgar Allan Poe, publicado por primera vez en 1845.
El Cuervo de Edgar Allan Poe constituye la composición poética más famosa, ya que le dio reconocimiento internacional. Son notables su musicalidad, el lenguaje estilizado y la atmósfera sobrenatural que logra recrear.
El texto del cuento de Edgar Alla Poe “El cuervo” narra la misteriosa visita de un cuervo parlante a la casa de un amante afligido, y del lento descenso hacia la locura de este último. El amante​ llora la pérdida de su amada, Leonora. El cuervo negro parece azuzar su sufrimiento con la constante repetición de las palabras «Nunca más» (Nevermore).

Edgar Allan Poe (1809 – 1849) fue un escritor, poeta estadounidense. Edgar Allan Poe fue generalmente reconocido como uno de los maestros universales del relato corto, de la novela gótica, recordado especialmente por sus cuentos de terror.

A continuación puedes leer el texto completo del poema narrativo en mini cuento de terror “El cuervo” de Edgar Allan Poe traducido al español.

La versión original en inglés de la historia de Edgar Alla Poe “The Raven” (El cuervo) se puede leer en yeyebook haciendo clic aquí.

Puede leer el texto completo del poema narrativo en cuento de Edgar Allan Poe “El cuervo” traducido a otros idiomas: italiano, francés, alemán, chino, etc. elegir el idioma en el menú de arriba o en el lateral.

¡Feliz lectura y cuidado con el cuervo!

 

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Edgar Allan Poe

El cuervo

(1845)

 

poema narrativo

Cuento de terror

Texto completo en español

 

 

Una triste medianoche leía débil y cansado

cierto raro incunable de sapiencia ancestral,

cuando de repente, un suave roce vínome a despertar,

como si alguno llamara, tocando, en mi portal.

“Debe ser una visita”, pensé, “frente a mi portal.

Sólo eso y nada más.”

 

Ah, recuerdo claramente aquel gélido diciembre.

Y aquellas brasas cayentes sobre el suelo titilar.

Yo el llegar del alba ansiaba, pues, en vano, una tregua

a mis libros suplicaba de perder a Leonor,

aquella radiante dama por los ángeles llamada,

ya sin nombre, nunca más.

 

Y cómo el triste susurro de los purpúreos tapices

de terrores me llenaba, cuan nunca antes los viví.

Por calmar mi corazón me esforzaba en repetir:

“Alguna visita es, que a mi alcoba quiere entrar.

Una tardía visita, que a mi alcoba ha de pasar.

Esto es, y nada más”.

 

Luego, ya con más firmeza, y sin mostrar más flaqueza:

“Caballero, o señora, mil disculpas os imploro,

pero es que dormitaba, y tan leve habéis llamado,

y tan suave habéis tocado al llamar a mi portal,

que de oírlo he dudado”. Y lo abrí de par en par.

Sombras sólo, y nada más.

 

Las tinieblas atisbando, por largo estuve, mirando,

dudando, sueños soñando como nadie osó jamás.

Mas el silencio era tal, y tan muda la oscuridad.

Y la única palabra fue el susurro “¡Leonor!”.

que yo musité, y el eco lo volvió a hacer: “¡Leonor!”.

Esto apenas, nada más.

 

A mi alcoba ya de vuelta, con el alma encendida,

nuevamente un golpeteo se escuchó ya con más vida.

“Sin duda”, me dije, “es que algo hay tras la ventana.

Veamos de qué se trata, y el misterio entreveamos.

Calma un poco, corazón, y el misterio descubramos.

Será el viento, y nada más.”

 

Y en abriendo la persiana, entró, con suave aleteo,

un majestuoso cuervo de aquellos días pretéritos.

Sin la menor reverencia, y sin ningún miramiento,

con aires de gran señor, se posó sobre el portal.

Sobre un busto que, de Palas, hay encima del portal.

Fue, posóse, y nada más.

 

Esta negra criatura mi temor trocó en sonrisa,

por el decoro grave y serio de su cara carboniza.

“Aun con la cresta rapada, no se te ve acobardada,

vieja ave errabunda de la noche y el horror.

Di, ¿cuál es tu nombre, cuál, en la noche de Plutón?”

Dijo el cuervo “Nunca más”.

 

¡Qué asombro, pajarraco tal con aquel donado hablar!,

si bien aquella respuesta fuera tan poco cabal.

Pues no puede refutarse que nunca antes hubo nadie

que alcanzara a contemplar ave alguna en su portal,

ave o bestia reposar sobre el busto del portal,

con tal nombre “Nunca más”.

 

Mas el cuervo, allí sentado sobre el busto, sólo aquella

frase dijo, tal y como si su alma fuera en ella.

Ni otra sílaba soltó, ni una pluma caer dejó.

Al final, yo murmuré: “Más amigos ya partieron.

También él me dejará, con el alba, cuan mis sueños”.

Dijo el cuervo “Nunca más”.

 

Trastocado por respuesta tan locuaz y oportuna,

“Sin duda”, me convencí, “sólo sabe repetir

lo que algún dueño víctima de desgraciada fortuna,

que sufrió rápida y cruel, y la suerte en que fiaba,

causó su desesperanza, y la suerte a la que odiaba,

le hizo gemir ‘Nunca más'”.

 

Mas el cuervo una sonrisa arrancó aún a mi apatía.

Acerqué un mullido asiento frente al busto, ave y portal.

Luego, sobre el terciopelo comencé a enlazar

fantasías, al pensar qué querría este vil,

despreciable, tenebroso pájaro siniestro y ruin

en graznando “Nunca más”.

 

Así sentado pensaba sin decir una palabra,

frente al ave cuyos ojos hasta el pecho me abrasaban.

Esto y más reflexionaba, con la cabeza apoyada

en el suave terciopelo que la luz acariciaba,

aquel suave terciopelo que a ella tanto le gustaba,

y no usará, ah, nunca más.

 

Luego el aire se hizo denso, perfumado como a incienso

de invisibles querubines pululando alrededor.

“¡Miserable!” le grité. “Dios te envía para hacerme

este bálsamo aspirar y a Leonor así olvidar.

Házmelo aprisa tragar y a Leonor podré olvidar.”

Dijo el cuervo “Nunca más”.

 

“¡Tú, profeta!” le espeté, “seas pájaro o demonio,

ya te envíe el Tentador, o la lluvia te arrojó

a este desolado pero bravo desierto encantado,

a este hogar horrorizado, te lo imploro, dímelo,

¿hay un bálsamo en Galaad? Dime, dime, por favor.”

Dijo el cuervo “Nunca más”.

 

“¡Tú, profeta!” le grité, “seas pájaro o demonio,

por el cielo que nos cubre, por el Dios que adoramos,

di a este pobre desgraciado si en aquel Edén lejano

abrazar podrá a Leonor, por los ángeles nombrada,

a la dama Leonor, por los ángeles llamada.”

Dijo el cuervo “Nunca más”.

 

“Sea ese nuestro adiós, pajarraco espectral.

Vuélvete a la tempestad y a la noche de Plutón.

Ni una negra pluma dejes que tu farsa me recuerde.

¡Deja en paz mi soledad! ¡Sal del busto del portal!

¡Quita el pico de mi pecho, y tu sombra del portal!”

Dijo el cuervo “Nunca más”.

 

Mas el cuervo no se fue; aún sigue allí posado,

sobre el busto que, de Palas, hay encima del portal.

Y parece que sus ojos, al soñar, son de un demonio.

Y la luz que sobre él fluye sombras hace enrededor.

Y mi alma, de esa sombra, que allí flota alrededor,

no escapará… nunca más.

..

.

Edgar Allan Poe El cuervo

Inglés: The Raven (1845)

poema narrativo en cuentos de terror

Literatura americana

Texto completo en español

 

 

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